A estas alturas es bueno recordar que en el esquema que hemos venido desarrollando, la acción debe ser considerada como una acción de carácter social, es decir, que está referida a otos actores individuales o colectivos. Lo que se debe considerar junto con el hecho de que se trate de una acción racional, con sentido e intencionada, es decir, que busca alcanzar alguna meta, cumplir un propósito, y con ello obtener algun tipo de beneficio.determinado. También se trata de acciones que de tanto repetirse, pueden institucionalizarse, es decir, volverse parte de la cotidianidad, perdurar por mucho tiempo y ser reiteradas por muchas personas que las llevan a cabo una y otra vez. No se trata de acciones al azar, ni de acciones producto de patlologías o caprichos, ni acciones extraordinarias que se salen de lo común y aceptado. Estas últimas también deben ser restudiadas por el sociólogo, pero entendiendo que se trata de casos fuera de la norma y la costumbre y que, por lo tanto, difícilmente se repetiran, ya que obedecen a condiciones o situaciones extraordinarias.
Cuando una acción individual o grupal se lleva a cabo con arreglo a un fin previsto, con una intencionalidad manifiesta, tomando en cuenta a otros actores de quien se espera alguna respuesta y mediante un procedimiento aceptado por la sociedad (legal y legítimo), entonces podemos hablar de una acción social. Y esas son las aciones que le interesan al sociólogo, pues son las que por su carácter institucional afirman y reafirman a la sociedad y las relaciones sociales que se dan en su seno. El estudio de la sociedad no puede ser fructífero si se estudia lo extrordinario, lo poco común, lo inesperado, lo excepcional o extravagante, por el contrario, la sociedad requiere el estudio y la investigación de lo que permanece durante mucho tiempo de manera más o menos estable pues esas acciones o actos expresan la manera de ser de una sociedad y su cultura correspondiente. Esto es lo que llamamos lo cotidiano, los hábitos, las costumbres, las tradiciones, lo rutinario, que se vuelve por eso familiar, y hasta "natural", lo que, dicho sea de paso, no significa bueno o conveniente y menos virtuoso. Hay sociedades en las que ciertas acciones, pese a haberse vuelto cotidianas, pueden resultar dsañinas a la propia sociedad y sus miembros, e ir en contra de la paz, el binestar y la estabilidad de la misma. De ahí entonces, que el estudio de lo cotidiano, de lo institucionalizado no significa necesariamente una actitud conservadora que avale como positivo lo que sucede en el seno de la sociedad. Puede que de los resultados de la investigación, se llegue a la conclusión de que hay cosas que modificar o cambiar para el bien de la propia sociedad y sus componentes y se asuman posturas reformistas o abiertmente revolucionarias. Dependerá del asunto y de lo arraigada que este una costumbre o hábito y del crarácter mismo de la sociedad (liberal o conservadora, abierta o cerrada), lo fácil o difícil que pueda resultar intentar un cambio. Pero como se puede ver, el estudio de las acciones sociales habituales, por su peso específico y sus consecuencias es ineludible para el sociólogo.
viernes, 2 de diciembre de 2011
martes, 29 de noviembre de 2011
El sociólogo y la sensibilidad
Umn esquema racional y abstracto como el que hemos venido manejando requiere paradójicamente de una gran sensiblidad de parte del sociólogo. Si bin requiere de rigor científico en su aplicación, no es menos cierto que la sensibilidad es importante para distinguir y para observar detalladamente, y ver problemas justo donde otros no ven nada. No es tarea fácil, pero si indispensable. La sensibilidad del sociólogo se aplica no sólo a la elección del tema de investigación (que lo conmueve), sino que está vigente a lo largo de todo el proceso de recopilación de datos, de su ordenación, de su estudio y análisis, así como en la elaboración de resultados y conclusiones. Y esto debe ser así, porque a fin de cuentas, lo que se está estudiando es al ser humano, su vida, los eventos en los que participa, las relaciones sociales que establece, los hechos y fenómenos que, a veces fuera de su control, lo influyen y determinan no siempre de la mejor manera ni tampoco para su bien. De ahí entonces, que el sociólogo sea capaz de ver más allá de eventos con frialdad y lejanía, para ver el drama humano en que se ve envuelta la persona o un grupo de ellas. Todo ello sin peder devista que su trabajo como profesional de las ciencias sociales tiene límites que no debe brincar so pena de perder objetividad científica y apego a la verdad. Si se salta las trancas, como se dice popularmente, puede que no ayude a quienes sufren algún problema grave y puede también que su trabajo científico se demerite, perdiendo su carácter científico y, por lo tanto, volviéndose inservible para quienes debieran beneficiarse de sus estudios. Por el tipo de asuntos y temas que trata el sociólogo, puede ser que la tentación a ir más allá del ámbito científico sea muy grande, casí irrefrenable, pero si cae en la misma, entonces la información valiosa que podría aportar se perdería irremediablemente. En todo caso, el sociólogo debe elegir entre el compromiso científico o el político. Ciencia y política no se llevan muy bien, pues la primera se compromete con la verdad cualquiera que esta sea, en tanto que la política se relaciona con la adquisición del poder y su mantenimiento, con la negociación, con el trato y los acuerdos, que muchas veces significan sacrificar la verdad (negándola, ocultándola, tergiversándola) en aras de un interés grupal o partidista. Así que el tema de la sensibilidad del sociólogo debe ser tratado con mucho cuidado pues es un asunto muy delicado y frágil, que cada sociólogo(a) debe resolver en lo íntimo de sí mismo. Asumir un compromiso con la ciencia o con determinada causa social o política, son elecciones prácticas de vida que cada profesional debe ir haciendo a lo largo de su carrera profesional y sobre las cuales debe hacerse plenamente responsable, espcialmente cuando aparecen frente a nosotros las consecuencias de nuestras elecciones. La sesnsiblilidad puede se entonces un arma de dos filos, nos ayuda a captar con más profundidad la realidad o una problemática, pero también puede hacer que nos dejemos llevar irracionalmente por emociones y sentimientos que nos hagan perder toda objetividad.
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domingo, 13 de noviembre de 2011
Subsistema biológico, lo natural y lo artificial
Talcott Parsons hubico en el subsistema biológico al organismo neurofisiológico y las cuestiones relacionadas con la eonomía dado que ésta es la ciencia social encargada de estudiar, analizar y proponer alternativas para usar los recursos materiales escasos de la mejor manera posible. Ya en una participación anterior proponíamos la separación de lo económico (financiero) del subsistema biológico, pues lo economico se relacoiona con lo material tiene sus propios procesos independientes de las condiciones materiales que se rigen por pautas biológicas propias. Al organismo neurofosiológico, sumabamos lo ambiental tal como se concibe actualmente desde una perspectiva ecológica. Ahora debiéramos separar lo biológico ambiental del mundo de los objetos artificiales, es decir, el medio ambiente natural del cual somos parte integrante del medio ambiente artificial material humanizado, es decir, la naturaleza transformada por el hombre y para el propio hombre, o dicho en otras palabras, el mundo de los objetos y las cosas, de los bienes muebles e inmuebles, de la infraestructura, de las herramientas e instrumentos creados por el propio para la satisfacción de las necesidades humanas de todo tipo. Así el sistema biológico debiera ser concebido de manera mucho más amplia abarcando esos dos aspectos del mundo material, lo meramente biológico que existe y vive con independencia ala mano humana y, por el otro lado, el mundo transformado ya por el hombre que es el ámbito de las cosas artificiales. Y es menester decir que ambos mundos, el natural y el artificial están en estrecha relación a través de los procesos productivos industriales y artesanales, mediante los cuales lo natural se transforma en lo artificial. De hecho adelantamos la hipótesis de que cada vez que se construye algo, se resta a la naturaleza y se suma a la artificialidad, lo cual podemos ver con la tala de bosques y selvas, con la expansión de las zonas urbanas que abarcan cada vez más territorios y le quitan terreno a la naturaleza intocada por el ser humano. Proceso que se ha acelerado y profundizado de manera drámaticamente los últimos 200 años aproximadamente y que merece de un estudio sitémico para hacernos una idea de sus consecuencias positivas y negativas para el propio ser humano, a corto y largo plazo. Y aquí nos enfrentamos al nada fácil problema de encontrar el punto de equilibrio entre la conservación de la natutaleza y su transformación para la satisfacción de las necesidades humanas (individuales y colectivas), ya que de seguir las pautas de depredación y producción industrial de lo artificial corremos el riesgo de poner en peligro la sobrevivencia de miles de especies animales y vegetales así como la propiamente humana.
Entonces, para fines analíticos proponemos e introducimos esta división que tentativamente mantenemos dentro del subsistema biológico.
Entonces, para fines analíticos proponemos e introducimos esta división que tentativamente mantenemos dentro del subsistema biológico.
domingo, 30 de octubre de 2011
Objetividad y subjetividad en sociología
El compromiso de la sociología como ciencia social es ser objetiva, lógica, racional, apegada a los hechos más alla de emociones, sentimentalismos o juicios morales. Estamos de acuerdo con ello, sin embargo se debe considerar que como la sociología estudia a la sociedad desde dentro, es decir, el sociólogo investigador es parte de la sociedad que él estudia, es prácticamente imposible eludir los factores sentimentales, emocionales, afectivos e ideológicos. Y consecuentemente, es muy difícil ser imparcial fente a los hechos o fenómenos que se estudian, que son esencialmente humanos, sobre todo cuando ellos se relacionan con las grandes desigualdades sociales, la pobreza, la marginación, la enfermedad, la delincuencia o la corrupción, por poner sólo unos ejemplos. Así, la objetividad, la imparcialidad e incluso la fría neutralidad, deben ser más una aspiración que se busca cumplir mediante los métodos, las técnicas y los instrumentos de investigación, a sabiendas de su imperfección, y de que eventualmente se puede hacer un uso poco honorable y recto de los mismos. El uso de los métodos y las técnicas así como de las herramientas, por precisas y sofisticadas que sean, no pueden eventualmente evitar que se cuelen en la investigación nuestos afectos o rencores; simpatías o antipatías. En verdad que sólo toca al sociólogo mantener el control de sus aspector emocionales y sentimentales mediante una honorabilidad y moralidad conscientemente asumidas y ejercidas en su trabajo cotidiano. El sociólogo debe aprender que muchas veces los resultados de su investigación pueden llegar a ser contrarios a sus intereses y preferencias y que, a pesar de ello, debe repetar tales resultados si realmente aspira a a hacer un aporte valioso y significativo en su ámbito profesional y a la sociedad. No se le pide al sociólogo que sea totalmente neutral y objetivo, pues es pedir no sólo un imposible sino que también es poco saludable. El sociólogo no es una maquina, es un ser viviente, no es un estudioso de la materia inamnimada, sino de seres de carne y hueso, que piensan y sienten, tal como él. Por ello no es posible la neutralidad y la objetividad absolutas. El sociólogo ve la realidad, la observa, la mide, desde un lugar determinado en la edificio social, en un momento histórico determinado y en una situación específica. Y es a partir de su cúmulo de conocimientos, de su experiencia de vida personal y profesional, que saca conclusiones y consecuencias de lo que observa y analiza. Por lo tanto, el reto es más bien poner la objetividad y la subjetividad en el lugar que les corresponde. Mucho de lo que hoy sabemos sobre el hombre en sociedad, sobre las relacione sociales, sobre la acción, no se hubiera estudiado si tales hechos o fenómenos no hubiesen despertado la curiosidad del sociólogo, si no le hubiesen conmovido, si no hubiesen despertado algún tipo de reacción emocional en él. Tampoco el socióologo podría hacer algún tipo de propuesta política o social, si no mediara un interés legítimo por el bienestar de una comunidad, grupo o la sociedad.
El estudio de lo social nunca ha sido, es o será neutral so pena de caer en la indiferencia y la insensibilidad, en cuyo caso los aportes del sociólogo serían poco o nada útiles y valiosos. Si los aportes de los padres de la sociología fueron valiosos, se debió a su compromiso por mejorar la sociedad en que les toco vivir, o cambiarla para construir algo mejor, son los casos de por ejemplo, Carlos Marx, o Augusto Comte, Emile Durkheim, Spencer, Max Weber y muchos más. No fueron ajenos a los problemas y dificultades de su tiempo y sosciedad. Hoy debiéramos seguir su ejemplo aportando saberes y experiencias para crear un mundo mejor para todos.
El estudio de lo social nunca ha sido, es o será neutral so pena de caer en la indiferencia y la insensibilidad, en cuyo caso los aportes del sociólogo serían poco o nada útiles y valiosos. Si los aportes de los padres de la sociología fueron valiosos, se debió a su compromiso por mejorar la sociedad en que les toco vivir, o cambiarla para construir algo mejor, son los casos de por ejemplo, Carlos Marx, o Augusto Comte, Emile Durkheim, Spencer, Max Weber y muchos más. No fueron ajenos a los problemas y dificultades de su tiempo y sosciedad. Hoy debiéramos seguir su ejemplo aportando saberes y experiencias para crear un mundo mejor para todos.
jueves, 27 de octubre de 2011
Acción social, contexto histórico y moralidad
El esuqma de Tlacott Parsons sobre el que hemos venido trabajando se ubica a un nivel teórico muy abstracto y general. Por lo tanto, para su aplicación práctica, se requiere necesariamente considerar aspectos que no están incluídos en el esquema mismo, nos referimos a las condiciones económicas políticas, sociales y culturales en un momento histórico dado. No se puede pretender que el esquema funcione de manera analítica y explicativa, sin esa contextualización en las condiciones reales de existencia de u actor social sea este, persona, comunidad, grupo, clase social, etc. Tampoco se puede pretender que funcione como esquema para diseñar y ejecutar acciones sociales sin esa consideración a la situación específica real en que vive y acciona el actor. Esa es la ventaja y, paradójicamente la desventaja de un esquema abstracto como el quie Parsons proporcionó. Ventaja en el sentido de ser de aplicación general, desventaja si no se toma en cuenta el contexto real en el que se inscribe la acción.
Pero por otra parte, también hay que considerar la moralidad de la acción, tema en el que hasta donde sabemos Parsons no incursionó. Moral que debe see estudiada, como lo propuso Emile Durkheim, en términos de los valores en que se sustenta una determinado curso de acción, no en cuanto a si esos valores son buenos o malos, justos o injustos, adecuados o inadecuados desde un punto de vista ético y axiológico. La cuestión es si esos valores que dirigen la acción son los pertinentes en función de los fines que se persiguen, porque como bien sabemos, no todo fin justifica todos los medios. O bien puede ser, como sucede muchas veces, que una acción puede resultar funcional (positiva) a corto plazo y sin embargo considerada a mediano o largo plazo disfuncional en términos del fin perseguido. Creo que todos hemos pasado por la experiencia de buscar un benefico inmediato (corto plazo) que a la larga resultó claramente contraproducente y acabó generando más problemas que beneficios. En la elección de ese bien inmediato en lugar de beneficios de mediano o largo plazo indudablemente entran en juego ciertos valores que el sociólogo debe considerar en su análisis o en el diseño e implementación de políticas públicas. Igual cosa se puede plantear en la disyuntiva entre el beneficio personal egoísta y el benefico colectivo de una comunidad. El ganar a costa del detrimento de la comunidad en que se vive u organización en que se trabaja, puede tener consecuencias claramente disfuncionales para el actor. De ahí entonces, que el esquema parsoniano no deba ser reducido a una postura pragmática y utilitaria de valores, ajena a consideraciones que van más allá de los fines inmediatos egoístas prácticos. La consideración moral de las acciones del actor obedece a dos cuestiones, por un lado la libertad de acción del actor mismo, y por la otra a que casí en todos los casos (excepción de condiciones extremas), existen varias alternativas de acción posibles entre las cuales optar, una de las cuales será elegida por el actor.Entonces la pregunta es, ¿por qué el actor elige tal curso de acción y no otro?, ¿qué valores estan implícitos en su decisión? Estas son preguntas que pueden y deben ser respondidas a nivel sociológico también en el análisis funcional. En algunos casos nos darán información de primera mano sobre la diferencia entre los valores declarados y los valores que realmente se ponen en práctica por los actores sociales. A veces hay congruencia entre unos y otros, pero muchas veces no.
Concluyendo, un análisis del tipo que nos propone Parsons puede ser muy útil para el sociólogo en la medida en que se tome en cuenta por un lado, las condiciones históricas específicas en que se enmarca la acción y, por el otro, el esquema valoral( moralidad) que subyace en el momento de tomar tal o cual opción posible para actuar en función de los fines perseguidos.
Pero por otra parte, también hay que considerar la moralidad de la acción, tema en el que hasta donde sabemos Parsons no incursionó. Moral que debe see estudiada, como lo propuso Emile Durkheim, en términos de los valores en que se sustenta una determinado curso de acción, no en cuanto a si esos valores son buenos o malos, justos o injustos, adecuados o inadecuados desde un punto de vista ético y axiológico. La cuestión es si esos valores que dirigen la acción son los pertinentes en función de los fines que se persiguen, porque como bien sabemos, no todo fin justifica todos los medios. O bien puede ser, como sucede muchas veces, que una acción puede resultar funcional (positiva) a corto plazo y sin embargo considerada a mediano o largo plazo disfuncional en términos del fin perseguido. Creo que todos hemos pasado por la experiencia de buscar un benefico inmediato (corto plazo) que a la larga resultó claramente contraproducente y acabó generando más problemas que beneficios. En la elección de ese bien inmediato en lugar de beneficios de mediano o largo plazo indudablemente entran en juego ciertos valores que el sociólogo debe considerar en su análisis o en el diseño e implementación de políticas públicas. Igual cosa se puede plantear en la disyuntiva entre el beneficio personal egoísta y el benefico colectivo de una comunidad. El ganar a costa del detrimento de la comunidad en que se vive u organización en que se trabaja, puede tener consecuencias claramente disfuncionales para el actor. De ahí entonces, que el esquema parsoniano no deba ser reducido a una postura pragmática y utilitaria de valores, ajena a consideraciones que van más allá de los fines inmediatos egoístas prácticos. La consideración moral de las acciones del actor obedece a dos cuestiones, por un lado la libertad de acción del actor mismo, y por la otra a que casí en todos los casos (excepción de condiciones extremas), existen varias alternativas de acción posibles entre las cuales optar, una de las cuales será elegida por el actor.Entonces la pregunta es, ¿por qué el actor elige tal curso de acción y no otro?, ¿qué valores estan implícitos en su decisión? Estas son preguntas que pueden y deben ser respondidas a nivel sociológico también en el análisis funcional. En algunos casos nos darán información de primera mano sobre la diferencia entre los valores declarados y los valores que realmente se ponen en práctica por los actores sociales. A veces hay congruencia entre unos y otros, pero muchas veces no.
Concluyendo, un análisis del tipo que nos propone Parsons puede ser muy útil para el sociólogo en la medida en que se tome en cuenta por un lado, las condiciones históricas específicas en que se enmarca la acción y, por el otro, el esquema valoral( moralidad) que subyace en el momento de tomar tal o cual opción posible para actuar en función de los fines perseguidos.
El análisis sociológico de la igualdad y la desigualdad
El análisis sociológico de la igualdad y la desigualdad implica, popr lo dicho en la participación anterior, no tomar partido en favor de una u otra postura, sino más bien el estudio y análisis de casos en que los principios de igualdad y desigualdad funcionan adecuadamente, o fracasan en experiencias de vida real. No se trata de hacer juicios morales sobre la bondad o maldad de uno u otro elemento, sino más bien, determinar en que casos reales en la vida social, económica, política y cultural, cada uno ha funcionado positivamente o ha acabado siendo disfuncional a los fines y metas que persigue una persona, una colectividad, una organización o la sociedad en su conjunto. Pra tal efecto se requiere necesariamente utilizar todas las armas teórico metodológicas y las técnicas de investigación con que cuenta la sociología como ciencia social. En este sentido, nos parece de especial importancia la experiencia directa de campo. Si bien se requiere una sólida formación teórica, finalmente lo que más datos útiles aportará será la mirada atenta de la realidad, de la conducta observable de personas, grupos, comunidades vivas.
Iguadad y desigualdad deben ser entendidos entonces como "hechos sociales" extenos al individuo investigador, como "realidades" que se imponen más allá de gustos y preferencias, o creencias teológicas y filosóficas.
Dereminar en que casos funcionan en la vida práctica y real esos principios de igualdad y desigualdad nos parece especialmente importante si lo que se busca es acumular conocimientos y experiencias que sirvan de base para el diseño de políticas públicas, programas de desarrollo comunitario y vecinal, proyectos de intervención comunitaria o la acción planificada de ong´s y grupos de apoyo. La pregunta de base para el sociólogo es, ¿en qué debemos y podemos considerarnos iguales y en qué podemos y debemos considerarnos diferentes? Todo esto con la mira puesta en logra una sociedad menos injusta y más equitativa, también, por qué no decirlo, más sana. Debemos bajar de los principios meramente filosóficos a la experiencia de vida; de las reflexiones teóricas y lógicas a las situaciones concretas en que esos principios se tratan de aplicar con tal o cual interés y finalidad de por medio. Y entonces, obtener el saldo de consecuencias funcionales - disfuncionales. Pues en todo acto o hecho humano hay consecuencias de ambos tipos que deben ser consideradas por el sociólogo. Habrá casos en que el principio de igualdad sea aplicabe y se obtengan resultados positivos, como es el asunto de los derechos humanos fundamentales, pero habrá otros en que las diferencias deban ser consideradas para bien del ser humano, por ejemplo, no se puede juzgar bajo los mismos parámetros jurídicos a u un niño que a un adulto, o a un enfermo mental de una persona psiquicamente sana. Entonces la desigualdad que distingue esas diferencias debe aplicarse en beneficio de las personas o grupos implicados en el caso. Como se verá, no se trata de hacer juicios morales o de asumir posturas filosóficas determinadas, sino de obtener información práctica y objetiva de la vida social real.
Iguadad y desigualdad deben ser entendidos entonces como "hechos sociales" extenos al individuo investigador, como "realidades" que se imponen más allá de gustos y preferencias, o creencias teológicas y filosóficas.
Dereminar en que casos funcionan en la vida práctica y real esos principios de igualdad y desigualdad nos parece especialmente importante si lo que se busca es acumular conocimientos y experiencias que sirvan de base para el diseño de políticas públicas, programas de desarrollo comunitario y vecinal, proyectos de intervención comunitaria o la acción planificada de ong´s y grupos de apoyo. La pregunta de base para el sociólogo es, ¿en qué debemos y podemos considerarnos iguales y en qué podemos y debemos considerarnos diferentes? Todo esto con la mira puesta en logra una sociedad menos injusta y más equitativa, también, por qué no decirlo, más sana. Debemos bajar de los principios meramente filosóficos a la experiencia de vida; de las reflexiones teóricas y lógicas a las situaciones concretas en que esos principios se tratan de aplicar con tal o cual interés y finalidad de por medio. Y entonces, obtener el saldo de consecuencias funcionales - disfuncionales. Pues en todo acto o hecho humano hay consecuencias de ambos tipos que deben ser consideradas por el sociólogo. Habrá casos en que el principio de igualdad sea aplicabe y se obtengan resultados positivos, como es el asunto de los derechos humanos fundamentales, pero habrá otros en que las diferencias deban ser consideradas para bien del ser humano, por ejemplo, no se puede juzgar bajo los mismos parámetros jurídicos a u un niño que a un adulto, o a un enfermo mental de una persona psiquicamente sana. Entonces la desigualdad que distingue esas diferencias debe aplicarse en beneficio de las personas o grupos implicados en el caso. Como se verá, no se trata de hacer juicios morales o de asumir posturas filosóficas determinadas, sino de obtener información práctica y objetiva de la vida social real.
lunes, 24 de octubre de 2011
Sociología, igualdad y desigualdad
Estamos muy acostumbrados a ver el lado negativo de la igualdad y la desigualdad. Igualdad significa hacer que todos pensemos, gstemos y vistamos de la misma forma, que actuemos como seres reciclados, como copias unos de los otros; desigualdad significa la imposibilidad del mínimo acuerdo porque todos somos diferentes y no hay posibilidad alguna de comunicación y, en consecuencia, es imposible toda acción para acordar y para hacer común algo. Ni una cosa ni la otra son verdades y menos absolutas. El socíologó como buen observador de los hechos sociales y la naturalea humana, no puede menos que caer en cuenta que igualdad y desigualdad tienen su lugar adecuado y que a ambas se les puede considerar positivamente. Baste recordar que en la base de la existencia como seres mortales, como especie animal, esta una cierta condición de igualdad que nos empareja, todos tenemos un cuerpo que tiene en el caso los mismos elementos constituyentes, los mismos, órganos, glandulas, músculos; todos pasamos por un mismo ciclo de vida (nacemos, crecemos, maduramos, envejecemos)y vivimos en promedio más o menos el mismo tiempo. Sobre esa base muy general encontramos luego las diferencias de sexo -algunos prefieren usar la palabra género-, que divide a la humanidad en dos grandes grupos, hombres y mujeres. Y todos los hombres entre sí, y todas las mujeres entre sí también, comparten una serie de características comúnes a su condición masculina o femenina. En un escalón superior encontramos las diferencias de personalidad, de carácter o temperamento, que nos distinguen de los demás, nos hacen individuos, personas, seres únicos, irepetibles, nos dicen teólogos y filósosfos. Si observamos, se trata entonces de una especie de pirámide que va de lo común a todos, de lo general que nos distingue como especie animal viviente, a lo particular, en donde nos distinguimos claramente unos de otros. Visto así, encontramos que hay un sustrato o base de igualdad sobre el que se construyen las difrerencias y particularidades de cada quien. Sociologicamente entonces igualdad y desigualdad son dos caras de una misma moneda, o si se quiere, dos aspectos de la naturaleza humana que es una e indivisible. Dos aspectos que se combinan en todo momento, lugar o tiempo y en cada miembro de la especie. Y por lo tanto, dos aspectos a considerar en el estudio e investigación del comportamiento humano. Dependiendo la situación y las circunstancias puede parecer que prevalece o una u otra, pero a nuestro parecer, ambas coexisten, se mezclan, se interelacionan, pues una sin la otra no pueden existir. De allí entonces que el sociólogo debe prestar atención a ambos y a la manera en que se relacionan y se condicionan. Si un día aspiramos a construir una sociedad más justa tendremos que considerar ambos elementos vistos nodalmente, es decir, integral y simultáneamente. porque lo justo no es necesariamente la igualación de todo, como tampoco lo contrario, la desigualdad total.
Hay aspectos en los que la igualdad debe prevalecer, como por ejemplo, cuando se trata del acceso a la seguridad social, la alimentación, el cuidado y la protección de la salud o la seguridad pública; pero también hay aspectos en que la desigualdad debe protegerse y hasta fomentarse, por ejemplo, cuando se trata del desarrollo vocacional y profesional. A cada persona se le debe dar el espacio (igualdad de condiciones de base) para que defina sus metas en la vida y tenga la oportunidad de alcanzarlas con su determinación, esfuerzo, capacidad y habilidades. Para lo cual, es oportuno decirlo aquí, muchas veces necesitará de la colaboración y el apoyo de otros seres humanos. Así que la igualdad y la desigualdad se mezclan en la misma forma en que lo individual y colectivo; cada uno necesita de su contrario (opuesto). Cuando esa unidad dialéctica se rompe, y uno de los elementos toma un papel preponderante y hegemónico, la armonía se rompe y la sociedad enferma y se degrada. Ni el individualismo ciego y egoísta encerrado en sí mismo que se olvida que somos seres gregarios por naturaleza, ni el colectivismo que tiende a anular al individuo en aras de supuestos y discutibles bienes superiores.
Hay aspectos en los que la igualdad debe prevalecer, como por ejemplo, cuando se trata del acceso a la seguridad social, la alimentación, el cuidado y la protección de la salud o la seguridad pública; pero también hay aspectos en que la desigualdad debe protegerse y hasta fomentarse, por ejemplo, cuando se trata del desarrollo vocacional y profesional. A cada persona se le debe dar el espacio (igualdad de condiciones de base) para que defina sus metas en la vida y tenga la oportunidad de alcanzarlas con su determinación, esfuerzo, capacidad y habilidades. Para lo cual, es oportuno decirlo aquí, muchas veces necesitará de la colaboración y el apoyo de otros seres humanos. Así que la igualdad y la desigualdad se mezclan en la misma forma en que lo individual y colectivo; cada uno necesita de su contrario (opuesto). Cuando esa unidad dialéctica se rompe, y uno de los elementos toma un papel preponderante y hegemónico, la armonía se rompe y la sociedad enferma y se degrada. Ni el individualismo ciego y egoísta encerrado en sí mismo que se olvida que somos seres gregarios por naturaleza, ni el colectivismo que tiende a anular al individuo en aras de supuestos y discutibles bienes superiores.
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